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5B: Ofrecer

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5B: Ofrecer

La omnipresencia del Estado en la administración pública generó una tergiversación en el pensamiento de sus ciudadanos. Una condición de obligatoriedad en la satisfacción de las necesidades básicas que dio lugar a una posición cómoda. Una situación que permite pensar qué le puedo pedir al país, qué merezco de él por el simple hecho de haber nacido en su geografía. De alguna manera, una condición que ha perfilado el comportamiento de los ciudadanos colombianos durante los últimos 50 años (puede ser un poco más). Una buena recomendación para encontrar los detalles se encuentra en el libro Historia mínima de Colombia, de Jorge Orlando Melo.

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Es fácil identificar que como colombianos, existe una tendencia más marcada a esperar recibir que a conseguir. Una posición pasiva que ha limitado la capacidad mental para esforzarse a lograr por cuenta propia. Un escenario que ha obnubilado a muchos y privado a otros, de sentir la dicha que se siente de lograr por mérito propio. De alcanzar metas individualmente. De sentir esa satisfacción que llena el pecho cuando lo que se propuso hacer o conseguir, no contó con la ayuda de un tercero impersonal como el Estado.

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La definición de Estado colombiano que hoy se conoce, atrofia las voluntades de las personas que quieren y que pueden. Como algunos dirían, “sería tonto no esperar recibir algo del gobierno”.

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En realidad, y a lo largo de la historia, el valor ha estado, está, y seguirá estando en la situación contraria. En estar en capacidad de lograr sin la ayuda del Estado. Yendo un poco más lejos, de estar en capacidad de ofrecerle algo

Una aproximación muy diferente a la que hoy domina la conciencia del país es una en la que cada quien esté en capacidad de cuestionarse si lo que quiere es esperar pasivamente a que el Estado ofrezca algo o por el contrario, lograr activamente ofrecerle algo. Una aproximación diferente no es pedirle al Estado la garantía de un trabajo y un nivel de remuneración mínimo; sería una en la que individualmente puede pensarse en ofrecerle una condición laboral capaz de generar más empleos que el propio. Más aún, hacerlo en unas condiciones dignas y bien remuneradas, y en un escenario en el que el valor social que se genere sea excedentario

Una situación invertida en la que en lugar de pedir se ofrece. En la que en lugar de esperar se hace. En la que en lugar de restar se suma. Una situación en la que se construye una economía sólida porque nadie está por drenar los frágiles medios económicos de un país con muestras claras de sobredimensionamiento de responsabilidades. Sino por el contrario, de estar en capacidad de alivianarlo por el impacto social en materia de empleo que puede lograr. La familia es un pilar para lograrlo. Es el lugar en el que se puede educar en esta expectativa. En el que es posible retar a las generaciones futuras a lograr resultados por méritos propios y sin ayudas. A alcanzar resultados en escenarios adversos. A encontrar motivación en las capacidades propias, y no en las condiciones externas que siempre serán eso, factores exógenos. La familia, como núcleo social, puede perfilar los cambios culturales necesarios para que en el país se decida dejar de esperar del Estado para, en cambio, estar en la capacidad de ofrecerle soluciones que ayuden a fortalecerlo

Llénese de positivismo y anímese a, con acciones simples, curvar la cultura de esta, su ciudad

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