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La forma extrema de la desigualdad

1. El descubrimiento de América y la circunnavegación del África ofrecieron a la burguesía naciente un nuevo campo de actividad. Los mercados de la India y de la China, la colonización de América, el intercambio con las colonias, la multiplicación de los medios de cambio y de mercancías en general imprimieron un impulso hasta entonces desconocido al comercia, a la navegación y a la industria, asegurando, en consecuencia, un desarrollo rápido del elemento revolucionario en la sociedad feudal en descomposición.

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2. La gran industria ha creado el mercado mundial, preparado por el descubrimiento de América. El mercado mundial aceleró prodigiosamente el desarrollo del comercio, de la navegación y de todos los medios de transporte por tierra. Este desarrollo influyó a su vez en el auge de la industria, y a medida que la industria, el comercio, la navegación y los ferrocarriles se iban extendiendo, la burguesía se desarrollaba, multiplicando sus capitales y relegando a segundo término a las clases legadas por la Edad Media.

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3. El océano ha aumentado poderosamente el carácter selectivo del emigrante europeo en América. Si la continuidad física de Europa permite al hombre desplazarse desde el estrecho de Bering hasta Gibraltar y desde el extremo septentrional de Suecia hasta el Cabo de Buena Esperanza, los dos océanos que rodean a America impiden y aíslan a este continente del intercambio migratorio que ha caracterizado a aquellos tres segmentos del mundo, lo que coloca una etiqueta de emigrante inobjetable a toda la raza blanca de América.

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4. La burguesía siempre insiste en que la línea de emancipación que había entre la Revolución francesa y la rusa está rota, de manera que todo sueño de mejora desemboca necesariamente en el totalitarismo. “Experimentos con gaseosa” es otra de sus frases gastadas preferidas (también, otra vez Hitler, que los nazis ganaron unas elecciones libres, lo cual es mentira –las ganó la izquierda— y un insulto para toda la gente que asesinaron, encarcelaron y deportaron antes de 1933 con el apoyo de la gran industria alemana). A la burguesía no le molesta la irresponsabilidad social sobre la marcha de las cosas. Le molesta mucho más el compromiso contras las desigualdades. Defiende la disciplina social frente al voluntarismo de los que quieren cambiar las cosas, desconfía de cualquier optimismo espontáneo y necesita ubicar lo que no controla en un lugar de degeneración. La gente de derecha es muy amiga de decirle a la gente de izquierda cómo tiene que comportarse en la política, como si los votaran o fueran afiliados a sus partidos. Lo contrario ocurre raramente, pues la izquierda, cuando realmente lo quiere ser, debe respetar otras miradas y comportamientos. Pueden hacer negocios con Gadafi o Bin Laden o colaborar en su ejecución

5. En todos estos movimientos ponen en primer término la cuestión de la propiedad, cualquiera que sea la forma más o menos desarrollada que revista, como la cuestión fundamental del movimiento. Gente del pueblo y los pequeños burgueses tienen interés en trabajar con toda su energía para la realización de las reformas. Sólo con esta realización se puede permitir que los millones de explotados hasta hoy por la burguesía, y que se intentará mantener bajo opresión, obtengan justicia y conquisten el poder a que tienen derecho como productores de toda riqueza

6. Se habla de analfabetismo, de éxodo rural, de ingesta alcohólica, de inmigración interna y externa, de incremento violento de la población en las áreas urbanas, de transculturización, de la crisis ideológica que vive el mundo occidental, de la quiebra de los valores, del clima, de la raza, de la “ilegitimidad, del sistema democrático” y del código penal. Si analizamos con objetividad los pretendidos factores causales, nos vamos a encontrar con una serie de sorpresas, como lo es, por ejemplo, la influencia que en el aumento de la delincuencia han tenido la riqueza, la alfabetización y el saneamiento

7. La burguesía, tiene una concepción antropológica pesimista. Considera que el ser humano es “un lobo para el hombre”. Por eso, no duda en alimentar la parte más depredadora del ser humano siempre y cuando se convierta en una mercancía. Se trata de “capturar la rabia en el tablero de ajedrez del espectáculo”. Pueden ofertar o consumir como productos de mercado vidas envilecidas dentro de una casa con cámaras funcionando 24 horas, venden sexo en todas sus zonas de despiece, y pornografía y fantasías eróticas donde, aunque no se falte a la Iglesia el domingo. Esa mercantilización de la vida genera una movilización constante de los valores de la derecha (cada vez que se mueve el mercado, se mueven ellos), mientras que la alternativa solo ha aprendido a movilizarse en la calle, algo finalmente descontado por el sistema

8. El capitalismo hizo de la ciencia una mercancía más. De hecho, con el tiempo, la más importante. La principal responsabilidad de la destrucción de la biosfera está en esa ciencia irresponsable aliada con la búsqueda insaciable y ciega de beneficios. Con la lógica productivista, el medioambiente dejó de ser algo con lo que convivir para ser algo que dominar y someter. Los gobiernos occidentales, vicarios de los intereses cortoplacistas del capital global, han aceptado hacer prospecciones petroleras en los últimos santuarios de la biosfera

9. Pero, además, el capitalismo tiene también sus ciclos, acelerados por su propia miopía. Al verse siempre forzado acelerar sus ritmos, cada poco tiempo deviene una catástrofe, que es la forma que tiene el capitalismo de eliminar sus “residuos”: se hunden los mercados, crece el desempleo, las mercancías no se venden y muchos seres humanos pagan un tremendo precio en ese ajuste. Con la globalización, estos procesos se han agravado. La globalización neoliberal n o es un proceso que acorta el mundo porque elimina las fronteras. La acorta porque, con su capacidad de destrucción, cada vez deja menos mundo ajeno a su mirada. La naturaleza es sabia (tiene una eternidad de probado ensayo y error), pero no necesita al ser humano; el capitalismo es eficiente, pero tampoco necesita a los que no le son funcionales

10. En definitiva, si el socialismo de los siglos anteriores buscaba que la mano de obra dejara de ser una mercancía, el ecosocialismo incorpora la sustentabilidad. La naturaleza no es una mercancía. Si el socialismo del siglo XX manejo la tesis de la abundancia, el socialismo del siglo XXI trabajará con la tesis de la mesura. No se trata de la austeridad que señala el neoliberalismo para el gasto público. Este nuevo socialismo reclama una nueva cultura que incorpore la frugalidad, un menor consumo de energía en todos sus aspectos; el uso de fuentes de energía no contaminantes; un menor consumo de carne y, de forma urgente, ter minar con el maltrato animal en todas sus variantes. Y piensa con prudencia el desarrollo tecnológico existente, pues ha sido impulsado con una lógica que se ha demostrado dañina para la supervivencia de la humanidad. No es nada sencillo y, aunque lo entendamos en la teoría, vamos a convivir con muchas contradicciones en la práctica

¡La Lucha sigue!