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Jurado declaró culpable al Chapo de todos los cargos

Alejandro Montenegro Banco Activo Venezuela
Jurado declaró culpable al Chapo de todos los cargos

Compartir 8 Shares Miles de venezolanos que emigraron de su patria para huir del hambre ahora trabajan para las mafias del narcotráfico colombiano.

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Los migrantes que se marcharon en busca de un mejor futuro, jamás pensaron que terminarían en los narcocultivos. Una investigación que adelantó el diario La Opinión, reveló los cayos que muestran los venezolanos

Recolectan la amapola y las hojas de coca en los campos. Lamentan que por culpa de un régimen perverso miles de ciudadanos se expongan para poder sobrevivir

Sin embargo, las autoridades venezolanas se niegan a recibir cualquier tipo de ayuda humanitaria. Aseguran que en Venezuela no existe crisis económica alguna.   No obstante, el cruel éxodo empujó a miles a los narcocultivos situados en las inexpugnables tierras del Catatumbo

Ninguno está acostumbrado a trabajar como jornalero. Con las primeras hojas se ampollan las manos y maldicen la situación. Denuncian que por culpa de una camarilla de gobernantes tengan que padecer tanto. Ninguno imaginó que huiría de la crisis para recolectar hoja de coca en Colombia

Emigraron por hambre Dejaron de ser obreros, taxistas, pescadores o vendedores en su país para recolectar la hoja que sirve para fabricar cocaína. Se trata de una actividad ilegal de la que apenas habían oído hablar y que los desgarra física y moralmente

Pero el problema comienza con las manos, dice Eduar a la agencia de noticias AFP. Hace dos años que este joven de 23 años, padre de dos bebés, migró de Guárico, en los llanos venezolanos. Allí trabajó como mototaxista hasta que la hiperinflación devoró los últimos billetes que “guardaba en un pote”

Del centro de Venezuela viajó por tierra hasta la región limítrofe de Catatumbo. En principio se ganó la vida como albañil. Era un trabajo que resultó menos agotador y doloroso que las diez horas que pasa a diario entre plantaciones de coca. Siempre bajo el sol o la lluvia

Pero el “problema son las manos”, repite Eduar. Y se quita las tiras de tela roja que hacen las veces de guantes y exhibe las palmas y dedos encallecidos. “Cuando empiezas a agarrar la mata es que te sangran las ampollas. A eso tú le tienes miedo y no quieres volver”, dice

Eduar, quien pide ser llamado así para evitarse problemas cuando vuelva a Venezuela. Se descalza y se mete a raspar coca en calcetines raídos. No soporta el calor en los pies. Suda a mares y lleva un sombrero alón de fique que le da un aire de espantapájaros en medio de los plantíos verdes

Como “raspachín” gana por semana hasta el equivalente a 144 dólares. Tres veces más que lo que recibía en la construcción. Como la mayoría de los inmigrantes, deja una mínima parte para sobrevivir y el resto lo envía a Venezuela donde sus gobernantes se niegan a abandonar el poder